soy una inútil
Uno de los peores problemas de vivir encerrada, de no arriesgar nunca salvo en momentos muy puntuales, es que tu mundo se simplifica a cuatro interacciones con cuatro consecuencias las cuales conoces y, por lo tanto, las reconoces como las únicas posibilidades seguras.
Hoy he tenido que hacer una llamada de teléfono. Una estupidez monumental que apenas ha durado tres minutos pero, al no estar prevista⚊y aunque lo estuviera, para qué mentirme⚊, ya constituía un pequeño apocalipsis en sí. Mientras tenía el móvil pegado a la oreja me he sentido imbécil, borde, molesta, mierda, escoria. He llorado después. Es que es ridículo. Sé, sé que todo esto está en mi cabeza, que nadie me va a escupir a la cara por enfrentarme a la novedad; pero entonces ¿por qué tengo que reaccionar de forma tan desproporcionada?
Lo peor no es lo de hoy. Es preguntarme cuántas más cosas me estaré perdiendo, me perderé, por puro terror a lo que no conozco. Hasta eventualmente llegar a decirle a alguien "te quiero" se me hace un mundo. Pero tampoco quiero seguir pegada a esta silla e interactuando con todo y todos tras un teclado, a mis eternos tiempos. Tendré que vivir con el miedo.
Quizás es hora de inaugurar una nueva sección, la de "todas las veces que he creído que era el fin del mundo y he seguido respirando después". Por lo menos me demostraría a mí misma que al final, lo hice, ganas de enterrarme bajo tierra o no aparte. Algunos logros van a ser ridículos para quien lea esto, sabiendo que la que está escribiendo esto no tiene diez sino veintipocos años. Pero por algún lado hay que empezar.