Llueve luz desde el cielo
Ha llovido luz del cielo y yo he llorado. La carretera es la de siempre; el coche, la misma tartana que se empeña en encabritarse y rugirme ante cualquier maniobra que haga o deje de hacer.
Y todo sabe nuevo. Las amapolas que sacan los colores al descampado de la carretera. El perfume de los hierbajos recién duchados que se confunde con el de las galletas a medio hacer, allá en las tripas de la fábrica. Un paso de peatones que, hasta que nunca ha sido cruzado, siempre parecía más cercano. Una conversación no tan forzada en un ascensor. Los dedos de las gotas llamando a los paraguas, a los bordes abiertos de las botas, a mi ventana.
Todo rezuma novedad, y yo, yo no puedo hacer más que llorar.