Motivo y motivación
Otra vez a empezar algo. Qué cerca voy a llegar. El ñe ñe ñe de siempre que es más cierto de lo que me gustaría. Me aburro, tengo más cuadernos que morralla en la cabeza⚊lo cual suponía imposible⚊, ¿qué necesidad de iniciar otro proyecto?
No me quiero hacer ilusiones. No va a ser mejor que otros intentos: escribo dos párrafos sobre el fantasma de otros veinte ya borrados, la vida o yo se pone en medio, adiós; sólo quedan los correos en la bandeja de entrada para rogarme de rodillas que vuelva a la plataforma de turno, que el átomo de esfuerzo que tuve hace meses, años, se echa de menos en el pozo de blablabla, ¿por qué no te asomas otra vez (con un flamante plan de suscripción que te haga destacar)? Otro ñe ñe ñe cierto: sólo persigo la novedad.
Aunque quizás esta vez funcione. No hay ruido parásito. Lo mejor que puedes hacer aquí es poner una letra tras la otra. Quizás eso llegue a
Un pensamiento
Una idea
Un propósito
¡Un movimiento de mi espalda arqueada sobre la silla!
Como dijo un sabio una vez (mi padre saliendo del Carrefour ante un poquito de verde saliendo de un tronco achicharrado por el bochorno perezoso de julio):
Mira, está intentando vivir.
Estoy harta de la mezcolanza viciada de los pensamientos, que se empeñan en mascullarme: o todo a la próxima, o nada. Voy a recopilar lo que buenamente pueda. Hojas de lo que me rodea, interno y externo. La historia que destila de esas observaciones puestas a secar. Quedará un esqueleto de nervios vacíos de savia que perdurará eternamente, pero no importa; porque en otra parte, limpio de ramas muertas, el árbol sigue creciendo.